Para Joni

Para Joni

Eres mi hermano. Un alma especial. Haces las cosas a tú manera. No dudas en ser otra persona sino en simplemente y auténticamente tú.

Me enseñas que en ser diferente está la magia. Salir de la norma, salir de los parámetros que la sociedad impone, salir de mi zona de confort, ya que con eso crezco como persona a la velocidad de la luz.

Me enseñas a no importarme lo que los demás digan de mi. Si quieres hacer algo lo haces y punto, incluyendo tus locuras, que para ti no son tan locas. Si quieres abrazar al señor sentado en el parque, lo abrazas; si quieres darle la mano al niño que va pasando por la calle, se la das; si quieres saludar a la mujer que espera su helado igual que tú, la saludas. No te limitas a primero pensar y después actuar, porque actúas por medio del amor espontáneo. Sin importar el género, la edad, su estatus económico, su preferencia sexual, su color de piel. Nada de eso es relevante en tu mundo… como debería de ser.

Me enseñas a ser feliz con las cosas simples de la vida. El subir y bajar de las olas del mar, el movimiento de un árbol, una torta de chocolate (o bueno… cualquier cosa de chocolate), la tranquilidad. El silencio y la tranquilidad te serenan, el alboroto te exalta. ¿Como a todos pues no? Solo que la mayoría se distrae y se llena de cosas alborotadas, no solo materiales sino también mentales, pensando que así se debe vivir la vida, sin saber que es precisamente así como siempre vivirán una vida exaltada e intranquila. Que afortunada me siento tenerte a mi lado, mi recordatorio humano, quien me recuerda que en llenarse de cosas no está la respuesta, sino que justamente hay que liberarse de ellas y buscar la simplicidad para encontrar la tranquilidad y con eso la felicidad.

Me enseñas que en momentos difíciles, nunca hay que guardar rencores. Eres transparente como el agua. Si no te gusta algo lo dices, lo demuestras, pataleas, gritas, pero no guardas resentimientos ya que después estos inevitablemente salen a la luz, solo que multiplicados.

Me enseñas que siempre necesitamos a otros en esta vida. Que no puedes hacer las cosas solo. Por eso es importante la solidaridad entre todos. No solo para ayudarnos sino también para compartir las alegrías y tristezas que nos pasan.

Me has enseñado que el lenguaje puede ser limitado y que por eso también podemos cantar para comunicarnos. Que con melodías nos podemos expresar y dar entender que estamos conectados.

Y lo más importante: me has enseñado a ser una persona sensible, compasiva y empática. Solo siendo así podemos entrar a tu mundo y vivirlo. Ese mundo que todos deberíamos experimentarlo en la vida, para asimilarlo y poderlo practicar en el mundo exterior que desesperadamente necesita justamente eso: sensibilidad, compasión y empatía.

Gracias por todo, te amo mi gaviota, vuela siempre alto.

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